Madagascar 2 (2008)

Vuelven Alex, Marty, Melman, Gloria, el rey Julien, Maurice y los pingüinos en “Madagascar 2″. Abandonados en la lejana costa de Madagascar, nuestros neoyorquinos animales han concebido un plan tan alocado que posiblemente funcionará. Con precisión militar, los pingüinos han reparado, más o menos, un antiguo avión averiado. Una vez en el aire, esta inverosímil tripulación se mantiene volando el tiempo justo para llegar al lugar más salvaje de todos: las inmensas llanuras de África. Mientras indagan en sus raíces, pronto se dan cuenta de las diferencias entre la selva de asfalto y el corazón de África.


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Cada vez que Dreamworks ha intentando competir de tú a tú con Pixar, ha salido vapuleada. Donde estos firmaban la notable Bichos los de la Dreamworks nos venían con la más bien flojita Hormigaz -sigh!-. Cuando los de la Pixar nos maravillaban con una obra maestra como Buscando a Nemo los de Dreamworks estrenaban al año siguiento con… ¡¡¡El espantatiburones!!! No había color, desde luego.

Agotada la fórmula (comercial) de Shrek, los de Dreamworks corrían el riesgo de volver a quedar relegados en la búsqueda de la excelencia de la animación por ordenador. Parece que con Madagascar y su recién estrenada secuela han encontrado una nueva vía: aceptar sus limitaciones y enfocar más su producto a la platea infantil.

Esto que puede sonar a capitulación no lo es en absoluto. Dreamworks son unos profesionales como la copa de un pino. Defender las maravillosas virtudes de Pixar -ocho filmes, ocho triunfos rotundos, incluyendo la minusvalorada Cars- a costa de dejar los talentos de Dreamworks a la altura del betún sería ahora mezquino. Madagascar 2 expande y amplia los geniales diseños de personajes de su primera parte, a la vez que da rienda suelta a sus secundarios, ese cuarteto de alocados pingüinos y el lenguaraz y descerebrado rey lemur Julien (a quien dobla en la versión original un desatado, espectacular, histriónico Sasha Baron Cohen), algo parecido a lo que pasó con la ardilla Scrat en la secuela de Ice age.

En esta nueva aventura, los valores sobre los que se incide son la familia, la honestidad con uno mismo y saber apreciar lo que tenemos. Nada nuevo bajo el sol. Es de agradecer que hayan limitado al mínimo los números musicales. Y aunque el nivel del film no decae en absoluto, entre tanto gag y chiste rápido nos llegan algunos golpes de efecto realmente demoledores: uno no puede evitar caerse de la butaca cuando vé a un exhausto Julien cantar Private dancer de Tina Turner tras una de sus locas bacanales, o descojonarse durante el demencial vuelo en avión con el que abre el film, con nuestros pingüinos Kowalski, Rico, etc… formando la tripulación más carismática desde los tiempos de Aterriza como puedas. Por no mencionar su posterior plan para reconstruir el avión totalmente siniestrado a base de “salivazos, dedos oponibles y mucha, mucha, mucha cinta aislante.”

Sin pretender entrar en la historia, pues dicha batalla ya acabó -tras una decada para asentarse en el mercado, las cintas de animación por ordenador ya han conseguido desterrar totalmente a la animación tradicional-, Dreamworks consigue que ver Madagascar 2 ya no sea motivo de constante comparativa con sus maestros, sino una oportunidad de oro para disfrutar de ese lado infantil y de pura comedia que el cine animado siempre ha llevado en su seno.

Lo mejor: La autoconsciencia del producto. El reencuentro de Alex con sus padres. El rey Julien, mejor secundario animado de la historia del cine.
Lo peor: Que éste sea el último trabajo cinematográfico de Bernie Mac.

Mi nota: 7.5/10

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2 Responses to “Madagascar 2 (2008)”

  1. jimx Says:

    De la primera solo me gustó el corto que venia con el DVD, logicamente con los pingüinos como protagonistas.

    Esta con lo que he visto en el trailer, me da muy mala espina.

  2. Gil Faure Says:

    No te creas. Yo también fui al cine a verlas venir y salí con ganas de volver a ver la primera de lo bien que me lo pasé.

    Hazme caso: ¡sólo con las escenas del rey Julien la película está más que amortizada!

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